sábado, 3 de mayo de 2014
viernes, 2 de mayo de 2014
BALANCE OPERATIVOS ESMAD, EN MANIFESTACIONES CAMPESINAS.
Más de treinta campesinos heridos
dejan los enfrentamientos entre manifestantes del paro ampesino y uniformados
del Escudaron Móvil Anti Disturbio en desarrollo de operativos de desalojo de
concentraciones ubicadas en el sur del departamento del Huila en los sitios Cruce
de Bruselas en la vía Pitalito- Mocoa, y el crucé el
Libano en la vía Suaza Florencia.
Las acciones de los anti disturbios se registraron en la noche del lunes 28 de Abril en Bruselas, el martes 29 de Abril en el sector del Libano y el viernes 2 de Mayo nuevamente en la vía Suaza-Florencia.
En desarrollo de las acciones
operativas resultaron cuatro uniformados igualmente heridos.
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jueves, 1 de mayo de 2014
ESMAD AGREDE A PERIODISTAS EN LA CIUDAD MEDELLIN-COLOMBIA
LA ASOCIACIÓN DE PERIODISMO DE ANTIOQUIA (APA)
RECHAZO Y CONSIDERA ILEGAL LA DETENCIÓN DEL FOTÓGRAFO ESTEBAN VANEGAS, DURANTE
LAS MARCHAS DEL DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO.
Según Juan Sebastián Carvajal, periodista de El
Colombiano, varios reporteros fueron testigos de cómo algunos policías
dispararon con pistolas de paint ball a un grupo de manifestantes que se
desplazaban por el parque San Antonio, en el centro de Medellín.
“Y al vernos, se nos vinieron encima, nos
agredieron, nos pegaron, nos explotaron las bombas de aturdimiento encima, y se
llevaron detenido a uno de nuestros compañeros”.
En el momento en el que estaba siendo llevado por la
policía, Vanegas, exhibiendo su carné de prensa de El Colombiano, subió una
foto a su cuenta de Twitter, en la que decía: “Voy en una tanqueta del ESMAD.
Estoy bien, pero no sé adonde me llevan”.
De inmediato, el fotógrafo fue llevado esposado a
las instalaciones del Bunker de la Fiscalía, donde la Policía inició los
trámites de judicialización. Según la Secretaría de Seguridad de la Alcaldía de
Medellín, la versión de las autoridades es que Vanegas habría agredido a un
policía varios minutos antes de que fuera aprehendido.
Sin embargo, varios testigos, entre ellos la
periodista de Q’HUBO, Andrea Torres, relata que Vanegas estaba en el lugar de
las protestas -como durante años ha sido siempre su proceder- única y
exclusivamente ejerciendo su labor de informar. De ello hay videos y testimonios
que así lo refrendan.
En tal sentido, APA rechaza la detención ilegal y la
judicialización del fotógrafo Esteban Vanegas, y solicita a la Policía
Metropolitana del Valle del Aburrá, acogiendo las pruebas que hay disponibles,
cesar toda acción legal en contra del reportero gráfico.
Estamos ante una violación clara y flagrante a la
libertad de expresión, Derecho Fundamental al que tiene derecho todo
colombiano. Así mismo hacemos un llamado a las autoridades para que respeten la
labor periodística, pues en juego no solo están los derechos de los reporteros
y comunicadores, sino los derecho que tienen los ciudadanos a ser informados.
Medellín, 1 de mayo de 2014
Junta Directiva -APA-Asociación de Periodismo de
Antioquia
La APA, es una asociación afiliada a la FECOLPER,
organización gremial que aglutina aLA ASOCIACIÓN DE PERIODISMO DE ANTIOQUIA (APA) RECHAZO Y CONSIDERA ILEGAL LA DETENCIÓN DEL FOTÓGRAFO ESTEBAN VANEGAS, DURANTE LAS MARCHAS DEL DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO.
Según Juan Sebastián Carvajal, periodista de El Colombiano, varios reporteros fueron testigos de cómo algunos policías dispararon con pistolas de paint ball a un grupo de manifestantes que se desplazaban por el parque San Antonio, en el centro de Medellín.
“Y al vernos, se nos vinieron encima, nos agredieron, nos pegaron, nos explotaron las bombas de aturdimiento encima, y se llevaron detenido a uno de nuestros compañeros”.
En el momento en el que estaba siendo llevado por la policía, Vanegas, exhibiendo su carné de prensa de El Colombiano, subió una foto a su cuenta de Twitter, en la que decía: “Voy en una tanqueta del ESMAD. Estoy bien, pero no sé adonde me llevan”.
De inmediato, el fotógrafo fue llevado esposado a las instalaciones del Bunker de la Fiscalía, donde la Policía inició los trámites de judicialización. Según la Secretaría de Seguridad de la Alcaldía de Medellín, la versión de las autoridades es que Vanegas habría agredido a un policía varios minutos antes de que fuera aprehendido.
Sin embargo, varios testigos, entre ellos la periodista de Q’HUBO, Andrea Torres, relata que Vanegas estaba en el lugar de las protestas -como durante años ha sido siempre su proceder- única y exclusivamente ejerciendo su labor de informar. De ello hay videos y testimonios que así lo refrendan.
En tal sentido, APA rechaza la detención ilegal y la judicialización del fotógrafo Esteban Vanegas, y solicita a la Policía Metropolitana del Valle del Aburrá, acogiendo las pruebas que hay disponibles, cesar toda acción legal en contra del reportero gráfico.
Estamos ante una violación clara y flagrante a la libertad de expresión, Derecho Fundamental al que tiene derecho todo colombiano. Así mismo hacemos un llamado a las autoridades para que respeten la labor periodística, pues en juego no solo están los derechos de los reporteros y comunicadores, sino los derecho que tienen los ciudadanos a ser informados.
Medellín, 1 de mayo de 2014
Junta Directiva -APA-Asociación de Periodismo de Antioquia
La APA, es una asociación afiliada a la FECOLPER, organización gremial que aglutina a más de 1200 periodistas en Colombia, adscrita a la Federación Internacional de Perioridas -FIP- más de 1200
periodistas en Colombia, adscrita a la Federación Internacional de Perioridas
-FIP-
lunes, 28 de abril de 2014
ESMAD INICIO EL ABUSO DE AUTORIDAD EN PROTESTAS CAMPESINAS.
LA FUNDACIÓN PARA LA PROMOCIÓN Y DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS, DENUNCIA QUE INICIARON LOS ATROPELLOS POR PARTE DE UNIFORMADOS DEL ESCUADRÓN MÓVIL ANTI DISTURBIOS, QUE DESDE LA TARDE DE AYER HACEN PRESENCIA EN PITALITO.
Entrada la tarde de este Lunes 28 de Abril, unos 50 hombres del Escuadrón
Móvil Anti Disturbios, llegaron hasta el sitio de concentración ubicado en el cruce
hacia el centro poblado del corregimiento de Bruselas, utilizando gases lacrimógenos
despejaron la vía, para que los vehículos con combustible que permanecían inmovilizados
continuaran su marcha.
Fue reportado que se presentaron
disturbios y una persona resultó lesionada producto de la uso abusivo de la
fuerza por parte de los Integrantes del ESMAD, quienes además no permitieron
que esta persona recibiera los primeros auxilios por parte de socorristas de la
Defensa Civil quienes fueron recibidos con una granada de gas lacrimógeno.
En desarrollo de los
enfrentamientos fue capturada otra persona, los dos fueron llevados hasta las instalaciones
del calabozo en la estación de Policía Pitalito
Pese a que se registra tensión por la presencia es este escuadrón, los campesinos continúan en el punto de concentración, se informó que varios vehículos fueron atravesados a pocos kilómetros del crucé de Bruselas, les pincharon las llantas y continua incomunicada la vía hacia el Putumayo.
Mientras tanto en los demás puntos de concentración,
poco a poco son más los campesinos que se suman a las protestas del sector agrario.
Peticiones
1. Como organización dedicada a
la defensa y la promoción de los derechos humanos exigimos de las fuerzas
militares el respeto por el derecho a la vida, la libertad, el buen trato y la
protesta a que tienen los manifestantes de la movilización agraria.
2. Presencia permanente en los
sitios de concentraciones de delegados
de la Defensoría del Pueblo, y Personerías Municipales.
3. Investigaciones, acciones
disciplinarias y penales en contra de militares que violen los derechos humanos
en desarrollo de esta movilización del sector agrario en Colombia.
Pitalito lunes 28 de Abril
de 2014
Cordialmente
Directivos FPDH-Colombia.
sábado, 19 de abril de 2014
DE MACONDO A ESTOCOLMO
Por: Centro de Investigación Libertaria y Educación
Popular,(CILEP)
Con contundencia escribía Gabo, hace cincuenta y pico de años, un artículo titulado: “La literatura colombiana un fraude a la nación”. En él sostenía que, hasta aquel momento, no había en Colombia ningún escritor con una obra de 'alcance universal'. Sentenciaba, sin pudor alguno, que: “Sin duda, uno de los factores de nuestro retraso literario, ha sido esa megalomanía nacional – la forma más estéril de conformismo—que nos ha echado a dormir sobre un colchón de laureles que nosotros mismos nos encargamos de inventar. Países latinoamericanos, que tienen de su propia literatura un concepto menos grandilocuente que el que tenemos nosotros de la nuestra, han alcanzado modestamente la merecida atención del público internacional. Nosotros en cambio seguimos nutriéndonos del sentimiento de superioridad que heredamos de nuestros antepasados por la versión a cinco idiomas de “María”, escrita hace 109 años y por la versión a ocho idiomas, inclusive el chino, de “La Vorágine”, escrita hace 35. Es hora de decir que es absolutamente falso que el mundo esté pendiente de nuestra literatura. El poeta español Gerardo Diego, decía alguna vez en privado: “Los colombianos no han dado un grande escritor; y lo merecían, porque han trabajado mucho”. Acaso hayamos trabajado mucho, ciertamente, pero no por el camino acertado.” Concluyendo que: “...aparte de que las modas nos han llegado tarde, parece ser que nuestros escritores han carecido de un auténtico sentido de lo nacional, que era sin duda la condición más segura para que sus obras tuvieran una proyección universal (…) En la edad de oro de la poesía colombiana, se escribieron algunos de los mejores poemas europeos del continente. Pero no se hizo literatura nacional.” Las sentencias pretendían declararle una guerra -una de verdad- no sólo a una manera de escribir en Colombia sino a una manera muy corriente de ser colombianos: esa mezcla entre lo patriotero y lo pacato, entre la pereza y la pomposidad, entre la transigencia y la crueldad. Muchos de sus personajes son retratos vivos de este raro espíritu (¡qué mejor ejemplo que Fernanda del Carpio!) y de la convivencia que, por las malas o por las buenas, estas personalidades tienen con otras: las valientes, las que ponen al descubierto algo soterrado, misterioso y vital de la existencia humana, mejor decir, de la existencia latinoamericana (¡Úrsula, el Coronel!).
Gabo fue sin duda un retratista; como él mismo decía, uno al que con mucha dificultad le pueden creer. No es verosímil que su obra sea “realista” pues ¿cómo va a ser “real” que un anciano alado y puerco caiga en un patio de gentes humildes que lo vuelven atracción turística? o ¿cómo va a ser “cierto” que entre los paisajes verdes y húmedos del Caribe -¡sabrá el diablo el nombre del caserío!- crezcan naranjos cuyos frutos tienen dentro diamantes? Tan cierto como lo fue hace unos meses la aventura de un hombre apuñalado en el corazón, quien libró una brutal pelea en la central de abastos, que fue declarado muerto y cuarenta y cinco minutos después despertó. A los pocos días, delirante, salió en todos los medios divulgando sus visiones del más allá: “en ese mundo vi una vida, una vida muy linda, hermosa: una vida de azufre. Había almas rezando a un volcán, había gente orando (…) otros brincando, ¡es algo aterrador!”[1] o tan real como el afamado científico que no contento con sus méritos (los de verdad) construyó una mancillada leyenda, la de haber llegado, él solo, a punta de un trabajo más mitológico que científico, desde Buenaventura a la NASA. La abuela desalmada que condenó a las humillaciones más horrendas a la pobre Cándida Eréndira, viajando de tierrero en tierrero, es tan real como la locura urbana en la que, desde lo más retorcido y absurdo del alma, nazis aquí nacidos, bastante más ridículos que siniestros, atacan a hombres, mujeres y jóvenes por igual. Basta verlos para creer que lo más oscuro de Macondo no sólo sucede como la triste suerte de un pueblo sino que se construye con la temeridad de la estupidez. Y eso convive, sin ambages, con juglares extraordinarios, con criaturas rehechas después de la impronta del odio, con nostálgicos de un mundo más ameno, más digno y más justo. Gabo lo sabía y si no hubiese enfermado o envejecido o si la vida fuera eterna, lo seguiría escribiendo pues el realismo mágico más que una “tendencia” fue un descubrimiento.
Saltan ahora, en todos los diarios o en boca de los políticos de turno, alabanzas o denuestos a nuestro “amado nobel”, al único de nuestra historia. Olvidan las palabras que, como agua helada, golpearon los oídos de los europeos que le entregaron el aclamado premio. En esas palabras, Gabo les recordaría el derecho de Latinoamérica a la dignidad y a sus propias riquezas. El derecho de los pueblos heridos de estas tierras a tener una personalidad y una vida libre. El derecho de no ser pisoteados por los discursos racistas y clasistas -de castas- impuestos desde los comienzos de nuestra historia como hijos de la colonización. A diferencia de Sartre, quien rechazó el premio, Gabo no podía dejar de asistir. Esta asistencia comenzó con su renuencia a usar el frac al que querían obligarle pues se trataba de un traje que, según su opinión, no correspondía a una nación sino a una clase, a esa a la que él aseguraba no pertenecer. No podía negarse a ir a Suecia, no porque le importara mucho un premio que no lo haría más famoso de lo que ya era sino porque su visita implicaba recordarle a Europa aquello a lo que ha sometido a América Latina y la manera en que lo quiere ocultar.
Hoy, muchos hipócritas y oportunistas, salen a aplaudir a Gabo cuando por ellos y por sus familias fue condenado al exilio, decretan tres días de luto queriendo simular los funerales de Mamá Grande. Los corrillos van de orilla a orilla: unos esperan que se queme en el infierno junto a Fidel, su amigo del alma, por comunista. Otros le critican su entendimiento, en varias ocasiones, con gentes ricas, presuntuosas o irrelevantes. Sea como haya sido, Gabo no escribió para defraudar a la nación. Su partida es motivo de celebración para aquellos contra los que construyó una narración de este país y de este continente. Esos dan brincos de alegría aunque sin muchos motivos pues, digan lo que digan, y a menos de que haya un incendio como el de Alejandría, la Colombia que contó Gabo ya pasó a la inmortalidad.
Con contundencia escribía Gabo, hace cincuenta y pico de años, un artículo titulado: “La literatura colombiana un fraude a la nación”. En él sostenía que, hasta aquel momento, no había en Colombia ningún escritor con una obra de 'alcance universal'. Sentenciaba, sin pudor alguno, que: “Sin duda, uno de los factores de nuestro retraso literario, ha sido esa megalomanía nacional – la forma más estéril de conformismo—que nos ha echado a dormir sobre un colchón de laureles que nosotros mismos nos encargamos de inventar. Países latinoamericanos, que tienen de su propia literatura un concepto menos grandilocuente que el que tenemos nosotros de la nuestra, han alcanzado modestamente la merecida atención del público internacional. Nosotros en cambio seguimos nutriéndonos del sentimiento de superioridad que heredamos de nuestros antepasados por la versión a cinco idiomas de “María”, escrita hace 109 años y por la versión a ocho idiomas, inclusive el chino, de “La Vorágine”, escrita hace 35. Es hora de decir que es absolutamente falso que el mundo esté pendiente de nuestra literatura. El poeta español Gerardo Diego, decía alguna vez en privado: “Los colombianos no han dado un grande escritor; y lo merecían, porque han trabajado mucho”. Acaso hayamos trabajado mucho, ciertamente, pero no por el camino acertado.” Concluyendo que: “...aparte de que las modas nos han llegado tarde, parece ser que nuestros escritores han carecido de un auténtico sentido de lo nacional, que era sin duda la condición más segura para que sus obras tuvieran una proyección universal (…) En la edad de oro de la poesía colombiana, se escribieron algunos de los mejores poemas europeos del continente. Pero no se hizo literatura nacional.” Las sentencias pretendían declararle una guerra -una de verdad- no sólo a una manera de escribir en Colombia sino a una manera muy corriente de ser colombianos: esa mezcla entre lo patriotero y lo pacato, entre la pereza y la pomposidad, entre la transigencia y la crueldad. Muchos de sus personajes son retratos vivos de este raro espíritu (¡qué mejor ejemplo que Fernanda del Carpio!) y de la convivencia que, por las malas o por las buenas, estas personalidades tienen con otras: las valientes, las que ponen al descubierto algo soterrado, misterioso y vital de la existencia humana, mejor decir, de la existencia latinoamericana (¡Úrsula, el Coronel!).
Gabo fue sin duda un retratista; como él mismo decía, uno al que con mucha dificultad le pueden creer. No es verosímil que su obra sea “realista” pues ¿cómo va a ser “real” que un anciano alado y puerco caiga en un patio de gentes humildes que lo vuelven atracción turística? o ¿cómo va a ser “cierto” que entre los paisajes verdes y húmedos del Caribe -¡sabrá el diablo el nombre del caserío!- crezcan naranjos cuyos frutos tienen dentro diamantes? Tan cierto como lo fue hace unos meses la aventura de un hombre apuñalado en el corazón, quien libró una brutal pelea en la central de abastos, que fue declarado muerto y cuarenta y cinco minutos después despertó. A los pocos días, delirante, salió en todos los medios divulgando sus visiones del más allá: “en ese mundo vi una vida, una vida muy linda, hermosa: una vida de azufre. Había almas rezando a un volcán, había gente orando (…) otros brincando, ¡es algo aterrador!”[1] o tan real como el afamado científico que no contento con sus méritos (los de verdad) construyó una mancillada leyenda, la de haber llegado, él solo, a punta de un trabajo más mitológico que científico, desde Buenaventura a la NASA. La abuela desalmada que condenó a las humillaciones más horrendas a la pobre Cándida Eréndira, viajando de tierrero en tierrero, es tan real como la locura urbana en la que, desde lo más retorcido y absurdo del alma, nazis aquí nacidos, bastante más ridículos que siniestros, atacan a hombres, mujeres y jóvenes por igual. Basta verlos para creer que lo más oscuro de Macondo no sólo sucede como la triste suerte de un pueblo sino que se construye con la temeridad de la estupidez. Y eso convive, sin ambages, con juglares extraordinarios, con criaturas rehechas después de la impronta del odio, con nostálgicos de un mundo más ameno, más digno y más justo. Gabo lo sabía y si no hubiese enfermado o envejecido o si la vida fuera eterna, lo seguiría escribiendo pues el realismo mágico más que una “tendencia” fue un descubrimiento.
Saltan ahora, en todos los diarios o en boca de los políticos de turno, alabanzas o denuestos a nuestro “amado nobel”, al único de nuestra historia. Olvidan las palabras que, como agua helada, golpearon los oídos de los europeos que le entregaron el aclamado premio. En esas palabras, Gabo les recordaría el derecho de Latinoamérica a la dignidad y a sus propias riquezas. El derecho de los pueblos heridos de estas tierras a tener una personalidad y una vida libre. El derecho de no ser pisoteados por los discursos racistas y clasistas -de castas- impuestos desde los comienzos de nuestra historia como hijos de la colonización. A diferencia de Sartre, quien rechazó el premio, Gabo no podía dejar de asistir. Esta asistencia comenzó con su renuencia a usar el frac al que querían obligarle pues se trataba de un traje que, según su opinión, no correspondía a una nación sino a una clase, a esa a la que él aseguraba no pertenecer. No podía negarse a ir a Suecia, no porque le importara mucho un premio que no lo haría más famoso de lo que ya era sino porque su visita implicaba recordarle a Europa aquello a lo que ha sometido a América Latina y la manera en que lo quiere ocultar.
Hoy, muchos hipócritas y oportunistas, salen a aplaudir a Gabo cuando por ellos y por sus familias fue condenado al exilio, decretan tres días de luto queriendo simular los funerales de Mamá Grande. Los corrillos van de orilla a orilla: unos esperan que se queme en el infierno junto a Fidel, su amigo del alma, por comunista. Otros le critican su entendimiento, en varias ocasiones, con gentes ricas, presuntuosas o irrelevantes. Sea como haya sido, Gabo no escribió para defraudar a la nación. Su partida es motivo de celebración para aquellos contra los que construyó una narración de este país y de este continente. Esos dan brincos de alegría aunque sin muchos motivos pues, digan lo que digan, y a menos de que haya un incendio como el de Alejandría, la Colombia que contó Gabo ya pasó a la inmortalidad.
martes, 15 de abril de 2014
CRIMEN DEL PERIODISTA NELSON CARVAJAL,DIECISÉIS AÑOS DE IMPUNIDAD.
Pitalito 15 de
Abril de 2014: Este miércoles 16 de abril se conmemora el asesinato del
periodista laboyano Nelson Carvajal Carvajal, su crimen continúa en la más
completa impunidad.
La Fundación para la Promoción y Defensa de los Derechos
Humanos FPDH recuerda que en la presente
semana se cumple el 16° aniversario del
homicidio del comunicador, ocurrido el 16 de abril de 1998 en Pitalito, Huila.
La organización no gubernamental de activistas de los derechos humanos a
través de su Presidente el Abogado Emiro Bravo Muñoz hace un llamado a las autoridades a agilizar las
investigaciones y que no quede impune ese crimen.
“Es lamentable como continua pasando el tiempo, ya son 16 años y el crimen del periodista Nelson Carvajal sigue en el más completo oscurantismo por administración de justicia. Nuestro compromiso como fundación que lleva el nombre de Nelson Carvajal es que este crimen de lesa humanidad no continúe impune”, dijo.
Carvajal era director del informativo "Momento Regional" y de los programas de radio "Mirador de la Semana", "Amanecer en el Campo" y "Tribuna Médica", de la emisora Radio Sur, en los que denunciaba la corrupción política y administrativa que se registra para esa entonces en el municipio.
El periodista fue asesinado el 16 de abril de 1998, a sus 37 años, por un sicario que le disparó en siete oportunidades.
Carvajal se inició en el periodismo en 1986 cuando
asumió la redacción del noticiero "Momento Regional" en Radio Sur.
Poco después se convirtió en director de los programas "Mirador de la
Semana", "Amanecer en el Campo" y "Tribuna Médica".
La transparencia en la gestión pública y las
investigaciones sobre corrupción política fueron asuntos en los que ahondaba en
sus programas. También fundó en Pitalito una escuela de la que era director.
Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), el pasado 2013 prescribieron seis casos de periodistas asesinados en 1993: Gerardo Didier Gómez, Eustorgio Colmenares, Carlos Lajud Catalán, Nelson de la Rosa Toscazo, Manuel José Martínez y Eugenio Orejuela Micolta.
La FLIP calcula que un 8 7 % de los 140 asesinatos de periodistas ocurridos en Colombia desde 1977 permanecen impunes. Solo 17 casos han terminado en sentencia condenatoria.
"Hacemos un llamado al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y a la Justicia colombiana a que impulsen y continúen las investigaciones de los asesinatos contra periodistas para señalar, condenar a los responsables y evitar la prescripción de estos casos", dijo mediante comunicado de prensa Ealy Ortiz directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP.
“Prefiero las muerte, estar de rodillas ante los
corruptos”: Nelson Carvajal.
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